
Felix Farias
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Como recordarás yo también fui militante del MLN- Tupamaros, organización a la que me integré en octubre de 1969. En aquel entonces yo tenía ¡19 años! y pensaba, honestamente, como tantos otros, que cambiaríamos el mundo y terminaríamos con la injusticia mediante el único método posible para acelerar el proceso, la lucha armada.
Mi visión acerca de la democracia representativa en general y de la del Uruguay en particular era de desprecio absoluto. La “Democracia Burguesa” era un escollo mas en el camino y debíamos socavar sus bases y radicalizar sus contradicciones para desestabilizarla y facilitar el ascenso de un gobierno revolucionario que se encargaría de construir una sociedad justa.
La Revolución cubana, la muerte del Ché, la Teoría del foco, los movimientos guerrilleros latinoamericanos y las lecturas superficiales de los textos de Marxismo- Leninismo fueron mi soporte ideológico y con mucha generosidad , entusiasmo y miedo me integré al “aparato militar” de la columna 15.-
El 2 de julio de 1969 caí preso en un allanamiento de mi propia casa y poco después llegué al Penal de Punta Carretas, tenía 21 años de edad.
Allí tuve la oportunidad de conocer a toda la plana mayor del MLN y de entre todos ellos sentí una especial afinidad contigo. Eras maduro, mesurado, experimentado, respetuoso de los demás, humilde, auténtico y te transformaste para mí en una especie de “padre en la prisión” con el que hablaba largamente mientras caminábamos en el frío invernal del Corredor 23. No dejaba de sorprenderme que me trataras como a un igual y llegaste a presentarme ante los demás como “un futuro dirigente del MLN”
Luego trabajamos en la fuga del penal (”El Abuso” como le llamábamos), corté paredes con una rienda de alambre y estábamos siempre al tanto del progreso del túnel por el que al fin se fugaron 111 compañeros.
El destino hizo que un cambio de guardia me impidiera unirme a la fuga. Quien se fue en mi lugar, el “Tío Quique” murió en un enfrentamiento pocos días después.
A partir de allí fui designado como integrante de la Dirección del Movimiento dentro del Penal.
Poco tiempo después, junto con otros, volviste a caer preso y retomamos el trabajo político, ahora compartiendo en aquella pequeña Dirección que fue para mí una gran escuela. Salí del Penal creo que en marzo del 72 y fui retenido por Medidas de Seguridad en el Campo de Punta de Rieles, allí te vi brevemente meses después en un descuido de la guardia y a partir de allí la vida nos llevó por distintos rumbos, salí en libertad a mediados del 73 y me exilé en Venezuela, país en el que nací hijo de padres uruguayos.
Tú quedaste como rehén de la dictadura en las peores condiciones imaginables. Y sobreviviste.
En el año 1985, una vez terminada la dictadura, visité Uruguay y fui verte a tu chacra en las afueras de Montevideo, esa fue la última vez que conversamos.
Ayer triunfaste en las elecciones presidenciales uruguayas y vas al balotage o segunda vuelta, donde es muy posible (por lo que veo desde lejos) que triunfarás dentro de una estructura democrática que sé respetas y reconoces y que te lo ha permitido con total transparencia.
Por esa razón escribo esta carta y voy a cometer la imprudencia de darte, humildemente, unas sugerencias, NO DE LO QUE DEBES HACER, ya que conociéndote a ti , a tu trayectoria y a tu madurez estoy seguro lo sabes, sino de lo que considero que NO DEBES HACER en la búsqueda de una sociedad mas justa y democrática, incluyente, productiva y de cara al futuro.
Estas sugerencias no son una sucesión de ideas planteadas aleatoria o subjetivamente sino que se basan en la experiencia de una persona que lleva mas de 36 años viviendo en Venezuela, que piensa ha madurado humana y políticamente, y que le ha tocado vivir, junto a todo este pueblo, 11 años del gobierno pretendidamente revolucionario de Hugo Chávez.
A quienes asumimos durante tanto tiempo La Revolución como objetivo de vida, y nos ha tocado vivir en carne propia la experiencia del “socialismo bolivariano” no nos queda otra opción que alertar sobre el desastre que ha polarizado y desintegrado salvajemente a este pobre país cometiendo desde el gobierno todos los errores y abusos posibles, siempre al filo de la navaja.
Por lo tanto mis recomendaciones son:
En fin, querido amigo, la lista podría ser mucho mas larga, pero no quiero abusar de tu paciencia, me despido con un fuerte abrazo fraterno y te deseo mucha suerte y sensatez.-
Jesús E. Machado M.
Autores
Lic. María Alejandra Batista, Lic. Viviana Elizabeth
Celso, Lic. Georgina Gabriela Usubiaga
Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) dinamizan cambios que involucran al conjunto de la vida social a escala planetaria. Sin embargo, más allá de los promisorios discursos que interpelan a hombres y mujeres del globo como “consumidores y usuarios de un mundo tecnologizado”, la integración de las TIC en los distintos países, regiones geográficas y grupos sociales no se da de manera uniforme. Los procesos de inserción resultan complejos, muchas veces duales y no alcanzan a toda la población por igual. Es necesario reconocer, por un lado, que la expansión de los medios masivos y las tecnologías digitales potencian la producción, circulación, almacenamiento y recepción de mensajes diversos a gran distancia y escala. Pero, por otro, al motorizar desigualdades en el acceso a la información y al conocimiento, acrecientan diferencias económicas, sociales y culturales existentes. La llamada “brecha digital” es dinámica e involucra aspectos vinculados a la inequidad en el acceso a infraestructura, soportes o conectividad, en las posibilidades de interacción y en las potencialidades de apropiación significativa por parte de los usuarios.
Por el momento, entonces, la diseminación de las TIC se da en el marco de una “globalización asimétrica” promotora de desequilibrios que exceden las variables meramente tecnológicas. A pesar de ello, los medios de comunicación y las tecnologías digitales de la información tienen un impacto en la configuración del entorno material y simbólico de quienes transitan el nuevo siglo. Las TIC intervienen tanto en la producción de bienes y servicios como en los procesos de socialización. Su importancia radica en el poder para mediar en la formación de opiniones, valores, expectativas sociales, modos de sentir, pensar y actuar sobre el mundo. Así, en una sociedad donde los grupos sociales se encuentran cada vez más fragmentados, las tecnologías de la información y la comunicación son canales de circulación de representaciones e ideas en torno a las cuales la población segmentada puede encontrar puntos de contacto y conexión. Desde esta perspectiva, las TIC tienen una función cultural central: construir el conocimiento que los sujetos tienen sobre la sociedad que habitan. Pero se trata de una construcción selectiva atravesada por la saturación de información, por un lado, y por otro, por la presencia de los medios masivos de comunicación con concentración en la producción de contenidos y una fuerte impronta de la lógica del mercado.
En este contexto sociocultural, la educación tiende a comportarse como una variable que define el ingreso o la exclusión de los sujetos a las distintas comunidades. Es que el ámbito escolar sigue siendo un espacio privilegiado para el conocimiento e intervención sobre los fenómenos complejos necesarios para la convivencia y el cambio social. Es por ello que el ingreso de las TIC a la escuela se vincula con la alfabetización en los nuevos lenguajes; el contacto con nuevos saberes y la respuesta a ciertas demandas del mundo del trabajo. Pero la integración pedagógica de las TIC también exige formar capacidades para la comprensión y participación en esta realidad mediatizada. En este sentido, la formación sistemática resulta una oportunidad para jóvenes y adultos de convertirse tanto en consumidores reflexivos como productores culturales creativos. Es una oportunidad para desarrollar saberes y habilidades que el mero contacto con las tecnologías y sus productos no necesariamente genera.
Texto Completo: http://www.oei.es/tic/tic.pdf